Está claro, que la sexualidad afecta nuestra calidad de vida. Influye en nuestro ánimo, afectos y relaciones. Siendo este aspecto de la vida humana tan importante ¿conocemos lo suficiente de ella para cultivarla y/o potenciarla?, ¿le otorgamos la dedicación y el espacio necesario?

Una serie de factores influyen en el desarrollo de nuestra vida sexual, el conversar, leer libros, ver películas son una buena fuente de estímulos y fantasías, pero también se requiere un conocimiento personal importante, que requiere es un trabajo vivencial y singular de cada uno de nosotros.

El autoconocimiento implica descubrir lo que nos gusta y lo que no, lo que nos despierta las pasiones y lo que nos las mata, lo que nos da curiosidad y lo que nos da miedo, y los prejuicios y mitos que pueden dificultar el desarrollo en esta área. Hacernos cargo de nuestra vida sexual es algo que no hemos escuchado mucho, pero la verdad es que así es. Es nuestra responsabilidad conocernos en el ámbito sexual, tanto a nosotros como al otro. Forjar un camino propio, y/o de encuentro con la pareja, con confianza, amistad y apertura para aprender mediante la experiencia.

Algunas ideas que pueden ayudar:

 

La libertad para fantasear es fundamental. Tanto hombres como mujeres necesitamos imaginar, crear escenas, acudir a la sensualidad. Incluso utilizar distintos elementos puede enriquecer el encuentro con el otro.

La posibilidad de jugar es algo que se nos olvida. Si tengo confianza con mi pareja puedo invitarlo a algo más lúdico, inventar distintas maneras de entretenerse juntos. Aquí la complicidad es fundamental, darnos permiso para reírnos, improvisar, innovar. Las travesuras, los juego de roles y otros, pueden avivar la relación.

La sensualidad y el goce son esenciales en la sexualidad. La sexualidad justamente tiene que ver con la creatividad y el atreverse a expresar sensaciones y preferencias. La capacidad para disfrutar es parte fundamental, esto a veces lo olvidamos y nos ponemos muy serios. Es importante conectarse con las ganas y disposición a alegrarse con el encuentro.

 

Necesitamos darle un espacio a la vida sexual, cultivarla, conectarnos con nosotros y el otro. Requerimos tener presente que la sexualidad es una experiencia no una actividad, se experimenta, se vive y por sobre todo: ¡nos hace sentir vivos!