Publicada en Emol

A pesar de que los tiempos han cambiado, una gran mayoría de chilenos seguimos pensando que: “lo mejor que les podemos dejar a nuestros hijos es una buena educación. “ Sin embargo, tenemos que desglosar de qué legado estamos hablando. ¿Qué tipo de estudiantes y personas son, están siendo y serán nuestros hijos?, ¿qué les estamos enseñando y mostrando?, ¿qué valores imperan en nuestras familias, amigos y en la comunidad escolar que hemos escogido?

Lo más importante que aprenderán nuestros hijos en el colegio no son ni las tablas, ni la ortografía, lo que permanecerá es una experiencia emocional, que marcará sus vidas para siempre. Una de las vivencias más trascendentes del colegio, es la de aprender a ser persona en sociedad.

La capacidad de trabajo y el compromiso, son elementos que hacen la diferencia entre una persona y otra. Las notas van y vienen, lo importante es impulsar la curiosidad, el apetito por conocer. Necesitamos formar niños y adolescentes que se motiven, se apasionen con sus quehaceres, disfruten del conocimiento. ¡Esta es la invitación!, y digo disfruten, porque el goce y el gusto por lo que hacemos es algo que como sociedad hemos olvidado. ¿Cómo despertar el entusiasmo en nuestras actividades, en este año que recién comienza?

El esfuerzo y la persistencia, más que los resultados, son fuertes impulsores del desarrollo mental y emocional. Si queremos niños que sean tenaces y perseverantes es oportuno que les enseñemos a utilizar los tropezones como una oportunidad, un desafío para pararse y seguir adelante. Si se equivocan, o les cuesta ahí estaremos para potenciar su capacidad de insistir, sin descalificarlos. Esto a los adultos también nos cuesta, pero tenemos que ocuparnos y hacer un esfuerzo creativo para, manejar los resbalones en el mejor de los climas, tanto en las casas, como en los colegios y en nuestros lugares de trabajo. Todos tenemos derecho a cometer errores y los necesitamos para superarnos.

Otro aspecto primordial al encaminar a nuestros hijos, es la marca que otorga compartir con otros diferentes, está estudiado que esto tiene un impacto significativo en la formación de mejores personas. Los niños y adolescentes educados en contextos más diversos, desarrollan más la empatía, y tienden a ser más tolerantes. Por otra parte también es sabido que la interacción con personas de las diferentes razas, culturas, ideologías y habilidades nos nutren, son un aporte a nuestra calidad humana. El respeto por lo diferente es vital, es un deber humano que genera creatividad, apertura de conocimiento y equipos más productivos en todos los ámbitos.

Las relaciones con otros, en muchos momentos traen conflictos, dolores y peleas, que son parte del puzle de la vida. Nuestros niños y jóvenes tienen que aprenden a enfrentar sus problemas y diferencias con sus pares, profesores u otros en general, y no evitarlos, tienen que encontrar sus propias soluciones. Si han copiado en una prueba, o engañaron a un profesor, si hicieron trampa en una competencia o fueron descalificadores con un compañero, o se robaron unas láminas del álbum, tienen que asumirlo y hacerse responsables por muy chicos que sean.

Y en este camino, queremos formar ciudadanos, jóvenes atentos y preocupados de la realidad del país, jóvenes comprometidos con las instituciones que nos rigen, que votan, que eligen sus autoridades, que opinan y se involucran. Debemos promover la formación de jóvenes que se cuestionen y enjuicien las falencias de la sociedad, para que desde su quehacer futuro aporten al desarrollo de todos.

Si aspiramos a educar personas integradas, impulsemos la combinación de sus capacidades tanto intelectuales como emocionales. Estimulemos sus aproximaciones al conocimiento, invitémoslos, a ser mejores personas, pues es eso lo que finalmente hace la diferencia en las, parejas, familias, trabajos, relaciones y sociedad que ellos construirán en el futuro.