Hay una línea fina entre cuidar con dedicación a los hijos y ser sobreprotector. 

Cuando los padres no reconocemos que nuestros hijos son capaces de hacer cosas por sí mismos y los socorremos evitándoles cualquier obstáculo, les hacemos daño. Cuando las mamás y los papás desconocemos que nuestros hijos son personas independientes y dueñas de sus actos podemos convertirnos en padres que obstaculizamos el crecimiento y la autonomía de nuestros hijos. 

El problema de la crianza al estilo mamá helicóptero – ese que sobrevuela todo lo que hace, mirando, decidiendo, solucionando por ellos- se ve a largo plazo, incluso en su etapa universitaria. Un cuidado excesivo y desproporcionado forma hijos que no aprenden a asumir responsabilidades, porque siempre hay alguien que les hace las cosas, son inseguros, porque no tienen la oportunidad de decidir si mismos, equivocarse y aprender de la experiencia. 

Aquí describo algunas características y ejemplos de las mamás y papás helicóptero, y ¡ojo! todos podríamos tener algo de esto, el tema es con cuánta frecuencia e intensidad. Podríamos convertirnos en este tipo de padres cuando: 

1. Prevenimos y controlamos exageradamente que nuestros hijos corran algún riesgo, sin darles libertad para que tengan la vivencia de caerse y volver a pararse. 

2. Facilitamos en exceso algunas tareas de los hijos, aún cuando podrían hacerlas ellos mismos. Desde hacer la cama, hasta envolver un regalo o poner la mesa, según la edad correspondiente. 

3. Hacemos las tareas escolares por ellos y no con ellos, estudiamos por ellos y no con ellos. O sea, les leemos el libro de lectura complementaria, le hacemos el trabajo de arte para que se saque un 7. Es más, le pedimos a la profesora, todos los días, el listado de las tareas sin darles la oportunidad de que las olviden y se hagan responsables. Aquí llamo la atención, también, a los grupos de Whatsapp de madres de cursos que se comunican todo sobre los deberes de sus hijos. 

4. Evitamos que experimenten dificultades con sus amigos y se arreglen entre ellos, llamando a la mamá del amiguito para interferir o resolver el tema, en vez de ayudarlos a pensar posibles soluciones que vengan desde ellos. 

5. Buscamos controlar el destino, e inducimos invasivamente la toma de decisiones. Cuando el niño se convierte en adolescente y luego en joven, si los padres han sido muy sobreprotectores, se sienten muy inseguros frente al hecho de tomar decisiones.

Observo continuamente, la dificultad de los padres para confiar y facilitar la autonomía. Un paciente a quien llamaré Pedro, en diciembre me comentaba: “Mi papá revisó los programas de todas las universidades que a él le gustan, opina demasiado, se mete ene, como si yo fuera tonto, obvio que yo quiero ir a una buena universidad, pero él no escucha mis opciones, solo vale lo suyo, siento que no me respeta, me trata como un cabro chico.”

Muchos estudiantes, acuden a mi consulta con altos montos de ansiedad, sienten mucha presión a cuestas por el susto de no llegar a cumplir a cabalidad con las expectativas de sus padres, experimentan gran temor y angustia ante la posibilidad de por defraudarlos. 

Es importante detectar los momentos en los cuales por intentar ser la “mejor mamá, o papá”, caemos en el error de invadir los espacios de desarrollo propios de nuestros hijos. 

Tenemos que darles la libertad para que ellos hagan sus experiencias, aunque nos cueste. Seguramente van a cometer errores y tropiezos, pero con esto van a aprender y seguir adelante.

Debe quedar claro que nuestros hijos son libres e independientes, tenemos que enseñarles a expresarse y a defenderse, para que puedan actuar asertivamente ante las diversas situaciones que se le presenten, y desarrollar sus capacidades, talentos y preferencias.