Por: Psicóloga Viviana Sosman.

El rey Arturo, uno de nuestros grandes en la cancha, se hizo un tremendo autogol en la vida. Algunos jugadores pueden haber salido frustrados con el resultado del partido contra México, sin embargo todos, y en especial los más exitosos, entre los que se encuentra Vidal, aún tenían tiempo de seguir demostrando su talento y capacidad, pero ¿por qué Vidal no supo dirigir de manera positiva su libertad? Arriesgó su vida y la de su mujer, su prestigio profesional frente a su equipo, su entrenador, el país y lo más importante respecto de si mismo.

Vidal, con este acto de conducir con 1,21 gr. de alcohol, despierta diversas y contradictorias reacciones. Se muestra como una persona que pese a su tremenda capacidad no se sabe cuidar, le es difícil auto administrarse. Sus impulsos destructivos se la ganaron, ¿qué hizo con la rabia, producto del empate con México?, ¿se la tomó?, ¿la transformó en juego, en el casino? En fin, como decimos los psicólogos, no pudo convertir la frustración en un acto creativo sublimatorio.

Vidal, como muchos, piensa que el enemigo está afuera, pero en realidad el enemigo también está adentro de nosotros mismos. Tanto en la vida como en la cancha, tenemos que protegernos de nuestras malas jugadas, malos pases, y estar alertas cuando obstaculizamos nuestras capacidades y logros.

Arturo Vidal repite y repite sus mismos errores, le cuesta ponerse límites y dirigirse a sí mismo con responsabilidad. Es un ídolo en la cancha, posee un gran talento en el futbol, pero le cuesta moderarse, es impulsivo, en momentos omnipotente y juega con fuego, hasta terminar quemándose. No mide sus excesos, ni el riesgo de sus acciones.

Cuantas veces nos pasa que estamos a punto de lograr algo que queremos y nos boicoteamos, nos hacemos zancadillas. Últimamente, en la consulta me ha tocado ver como varios jóvenes en el último año, a punto de dar la PSU, se hacen malas jugadas. El miedo o la angustia de la recta final es anestesiado con alcohol, marihuana, y juegos online. Muchos siendo buenos alumnos, a punto de egresar bajan su promedio o se confían demasiado, creen que a última hora de manera casi mágica lograran sus objetivos. No reconocen, ni manejan su angustia, “sueltan la esponja” antes de tiempo, y después se sienten tremendamente frustrados con las consecuencias y, ahí viene la depresión.

También me consultan profesionales altamente exitosos, pero paradójicamente deprimidos, los que al observar sus vidas personales, se dan cuenta con dolor y rabia del vacío que sienten en sus relaciones intimas. Al trabajar en exceso, se han restado posibilidades para sí mismos, sus parejas e hijos. Poner todo en el trabajo es otra forma de traicionarse, es desmerecer la importancia de las necesidades afectivas.

El enemigo que está adentro sólo puede ser domesticado por nosotros mismos, tenemos que identificar nuestras emociones, manejarlas y estar alertas a nuestros propios autogoles.

 

 

Viviana Sosman, Psicóloga Clínica Acreditada.

Especialista en adolescentes y adultos. www.vivianasosman.cl