El estrés es un estado de tensión física y mental, una señal de alarma que indica SOBRECARGA, es una respuesta del organismo a situaciones, y emociones que son percibidas como amenazantes.

En los tiempos de hoy, nadie está exento de estrés, vivimos constantemente exigidos en nuestros trabajos, estudios y en general en la vida cotidiana: repleta de cambios vertiginosos que nos implican esfuerzos y diversas demandas. A ratos nos agotamos, y nos sentimos apesadumbrados, angustiados, recargados. El cuerpo y la mente necesitan parar, y si esto no sucede aparecen diversas señales.

Entre los síntomas físicos más frecuentes están: cansancio, molestias digestivas, vómitos, dolores de cabeza, taquicardia, palpitaciones cansancioalteraciones en el sueño, aumento o disminución del apetito y alteraciones del ritmo intestinal. También acné, caída del cabello, visión borrosa y pitidos o zumbidos de oídos, alteraciones de la regla menstrual, problemas tiroideos, suprarrenales y deterioro del sistema inmunológico, que facilita la aparición de infecciones y otros trastornos. Se puede ver dañada la sexualidad en forma de bajo deseo sexual.

Los síntomas emocionales generalmente anteceden a los físicos y entre ellos se encuentran la ansiedad, los miedos, la impaciencia, agresividad e irritabilidad, con lo que fácilmente surgen disputas en las relaciones personales Cierto agotamiento intelectual, que hace que resulte difícil la concentración, pensar de forma creativa. Además se producen con frecuencia olvidos, errores y despistes que agravan la situación de sobrecarga y la sensación de no poder más.

 

 

Daniel (50), es un abogado exitoso. Consulta derivado por el neurólogo, por fuertes dolores de cabeza, dice que está estresado. Se siente sobrepasado y sin recursos para desempeñar su trabajo, tiene la sensación de que los problemas -con sus clientes, y sus pares, son cada vez más y más difíciles de resolver, se impacienta e irrita con facilidad, y se siente muy incapaz. “No sé qué me pasa, pero voy a explotar, no soy capaz, eso me tiene mal, además tengo mucho sueño, olvidos y me cuesta concentrarme.”

(Datos modificados por confidencialidad)

 

Daniel, necesita parar. En las sesiones logra entender, más acerca de sí mismo y a determinar que lo agobia. Su alto nivel de auto exigencia, es su primer enemigo, él es su principal dolor de cabeza. Daniel se da cuenta que no sabe no sabe descansar. “Soy muy duro conmigo mismo, si no hubiera venido acá no me hubiera percatado, encontraba lógico dar al máximo, así fui educado.”

 

Daniel, comienza a establecer algunos límites entre trabajo y vida personal. Por ejemplo, decide no consultar el mail desde su casa por la noche, acorta su horario de trabajo, lo cual lo alivia, pero le cuesta. No está acostumbrado a tener tiempo para él, sin embargo esto genera un alivio importante. Trabajamos acerca de sus prioridades, y la importancia del autocuidado. Daniel, entre otros asuntos, descubre lo mucho que le gusta hacer deporte con sus hijos, situación que antes no se permitía, pasaba mucho rato durmiendo los fines de semana.

Así poco a poco el paciente va tomando medidas saludables, que le permiten salir del estrés, que lo tenía tan angustiado e incluso con algunos signos de depresión.

El estrés, puede encubrir un trastorno del ánimo, o un trastorno de ansiedad. La clave para realizar un tratamiento efectivo, es un buen diagnóstico, por eso es necesario consultar con un especialista.

 

El cuerpo es un importante indicador de nuestra salud mental y física: al principio nos susurra, luego nos habla, y si no lo escuchamos, grita. Es muy importante estar alerta, y tener en cuenta que el estrés, puede ser UNA BUENA SEÑAL DE ALARMA.