Cómo la mente enferma el cuerpo adolescente

Cómo la mente enferma el cuerpo adolescente

Como hemos visto en columnas anteriores, los adolescentes padecen una serie de angustias y contradicciones que, en muchas ocasiones, no son capaces de transmitir a través del lenguaje. Aquello que no puede ser pensado ni simbolizado en palabras es puesto en el cuerpo, por esto el dolor aparece entonces como una forma sustituta de expresión.

Somatizar, es decir poner el conflicto en el cuerpo es una conducta bastante corriente entre los adolescentes, el joven no elige que le ocurra esto de manera consciente, las somatizaciones, corresponde al terreno de lo inconsciente.

Ciertas dolencias físicas en la adolescencia tienen un carácter funcional, es decir, al joven le duele algo, para algo. Ese dolor surge como una manera de resolver conflictos.

Recibí hace años atrás una joven de dieciséis años, que llamaré Paula. La paciente sufría de intensos dolores cefálicos, que la dejaban bastante paralizada: le resultaba difícil asistir a clases y estudiar, también a veces le costaba salir a divertirse. Había consultado varios neurólogos sin encontrar respuesta; el último profesional, le sugirió que viera si podría haber alguna causa psicológica.

Paula era muy buena estudiante, asistía a una serie de actividades extraprogramáticas y tenía varios grupos de pertenencia. Sentía mucha exigencia de tener que rendir en todos sus compromisos, lo que representaba un “dolor de cabeza”. Por otra parte, tenía muy buena relación con su madre, pero últimamente había tenido algunas discusiones con ella, en las que se quedaba con la rabia adentro, pues enojarse le generaba mucha culpa y la hacía sentir “mala hija”.

Fuimos descubriendo que temía que expresar su enojo o desacuerdo podría dañar la relación. A Paula no se le hacía nada fácil contactarse con sus sentimientos más rabiosos, está emoción la complicaba mucho y se le iba “directamente a la cabeza.”

Producto de la psicoterapia, la paciente pudo ir entendiendo que el sentirse con tanta exigencia de ser “buena alumna, buena amiga y buena hija”, le impedía estar en mayor contacto con necesidades, deseos y sentimientos, el dolor quizás era una manera de parar.

Por otra parte Paula, fue concibiendo que la rabia es un sentimiento tan válido como cualquier otro, y que en la medida que lo podía expresar más claramente este no necesitaba encontrar salida en un dolor cefálico.

Vemos así, como, sobretodo en la adolescencia, las vivencias son canalizadas a través del cuerpo, pero las enfermedades psicosomáticas se dan en todas las edades. El tema es estar alerta, expresar los sentimientos a través de las palabras para no enfermar el cuerpo.

Ahora bien, ante la sintomatología adolescente, es importante tratar de identificar cual es el mensaje que el adolescente intenta dar a través del cuerpo, ni alarmarse demasiado, ni subestimar el problema. Es necesario ocuparse estando alerta: observar de manera sistemática las conductas del adolescente y si persiste el cuerpo como vía de expresión, es preciso que se busque ayuda profesional.



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