Deseo erótico y necesidad de sentirse querido

Deseo erótico y necesidad de sentirse querido


Hoy vemos como con frecuencia que muchos adolescentes confunden el deseo de sentirse acogido, querido, reconocido, escuchado y mimado con aquellas necesidades, que van en la línea de la satisfacción sexual. Es más, no es extraño encontrar a jóvenes que se inician sexualmente con la primera pareja que los hace sentir un poco queridos, porque en su casa no son abrazados ni besados por sus padres.

Tanto las necesidades de contacto y cariño como las ligadas a lo amoroso–erótico son importantes y requieren satisfacción, pero que es preciso diferenciarlas. En una relación amorosa ambas deben ser satisfechas.

Recurriré a un ejemplo de un paciente de diecisiete años que comenta: “Me siento perdido, no sé porque las mujeres no me pescan, parece que ando un poco ansioso, como que me tiro encima muy rápido y se me arrancan, no sé como a los otros les resulta”.

Psicóloga: “¿cómo es eso?”

“Es que me siento re-solo. No sé, quiero estar acompañado, conversar, que me regaloneen, que a alguien le interese lo que a mí me pasa. Además, estoy quedando como perno en el grupo… todos cuentan sus éxito con las niñas y yo ahí botado”.

Aquí queda bastante claro como la necesidad compañía, preocupación y cariño, se confunde con la ansiedad por un encuentro sexual, a esto se suma la presión grupal, que como sabemos, en esta etapa es muy fuerte. Podríamos pensar que este adolescente lo que necesita es mayor cercanía y afecto tanto de de sus amigos como de sus padres y lo está buscando en un encuentro sexual.

Entre los 14 y los 17 años, las aproximaciones hacia la sexualidad con el sexo opuesto, en general, son angustiosas e incompletas, cargadas de duda y confusión, incongruencias y contradicciones. Sin embargo, hay abundantes conductas ligadas a presumir, especialmente frente al grupo: mucha palabrería, pero aún serias dificultades para lo más íntimo. Aparecen los enamoramientos apasionados, se tiende frecuentemente a la idealización y a la desilusión. A veces, ante la primera relación sexual, se produce cierto desencanto “¿y eso era todo?”. Esto se relaciona con la importante idealización del acto. En algunos casos, hay mayor placer en el evento exhibicionista de hablar del acto sexual al grupo, que de la vivencia con la pareja.

En algunos casos, la realización de la sexualidad, con más frecuencia en los varones, puede traer como consecuencia la denigración de la compañera sexual; por confundir el deseo de un encuentro amoroso y sexual con la necesidad de coleccionar actos sexuales como “prueba” de masculinidad o feminidad. Por otra parte, el deseo de no quedar excluido del grupo, podría llevar al acto sexual, siendo la motivación la pertenencia grupal y no el encuentro íntimo con el otro.

Conversar con los hijos acerca de sus estados de ánimo, qué les preocupa, qué piensan, qué les gusta hacer, así como ir a buscarlos y a dejarlos y saber donde están y quienes son sus amigos, es una manera de acompañar a los jóvenes, en su travesía por la adolescencia. Ahora bien, esto resulta manteniendo delicadamente el arte de la distancia necesaria.

Aunque los adolescentes no necesariamente lo expliciten agradecen, la preocupación y el dialogo no intrusito de los padres. Necesitan sentirse acompañados y queridos. Es importante que los adultos tengamos clara la diferencia entre necesidad de cariño y contacto, versus el encuentro erótico sexual y lo podamos transmitir a los adolescentes.

 



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