Los limites favorecen el autocuidado y la autonomía

Los limites favorecen el autocuidado y la autonomía

Los límites facilitan el auto cuidado y la autonomía, porque van delimitando qué está bien y qué está mal. Arman, calman, ayudan y dan pautas para que el adolescente vaya encontrando su propio camino.

Poner límites es UN ACTO DE AMOR, está claro que decir que NO, requiere de un monto de energía mucho mayor y de un compromiso mucho más grande que de dejar hacer. Esto es importante tenerlo muy presente, cuando ante la insistencia de nuestros hijos, nos dan ganas de tirar la esponja. Tolerar la rabia que les producen los NO a los adolescentes, requiere de mucha paciencia y persistencia por parte de nosotros.

• Poner límites tiene que ver con el cuidado del otro, y sobre todo con enseñarle a otro a cuidarse a sí mismo. Entendiendo por cuidado que los adultos no les permitamos a los adolescentes hacer o decir algo que pueda dañarlos a ellos o a terceros.

• A los adolescentes les contiene y calma la presencia y la puesta de límites y normas por parte de los padres, aunque defensivamente se muestren indiferentes. Se sienten más tranquilos cuando hay un adulto, que les ayuda mediante ciertas restricciones, a manejar sus impulsos que en algunos casos pueden ser muy destructivos.

• Los límites delimitan el camino, son como las señales de tránsito, están hechas para avanzar por la ruta con más seguridad. Y los adolescentes son como automovilistas que para transitar por la vida necesitan, límites, carteles, indicadores, mapas, y distintas señales que les permitan cuidarse para llegar sanos a su destino.
• Con los adolescentes, en algunos casos, es necesario negociar o llegar a acuerdos intermedios. Es importante dejar la puerta abierta para revisar algunos de los arreglos que se establecen. Los jóvenes necesitan sentir que se los toma en cuenta cuando se toman las decisiones, y resulta conveniente que vayan aprendiendo a discutir con argumentos cada vez más sólidos, dependiendo clara mente de la temática y edad del joven.

Poniendo limites
Hay ocasiones en que para los padres, establecer ciertos límites resulta muy sencillo (si no te has bañado, no puedes salir). El problema surge con aquellas situaciones en que es más complejo tomar una decisión. Lo importante ahí, es detenerse a pensar, y tener claro, que no es tan grave equivocarse, porque las situaciones siempre pueden repensarse, lo cual también puede constituir un aprendizaje para los hijos.

“Sabes, después de hablar con tu psicóloga, nos quedamos pensando con la mamá, y creemos que si para ti es tan importante ir a ese recital, yo podría acompañarte con algún amigo de tu curso, porque por ahora, consideramos que eres muy chico para ir sin un adulto, y ese lugar puede ser peligroso”. (Papá con adolescente de trece años).

Habitualmente, veo en la consulta que hay algunas temáticas que evidentemente, ponen más nerviosos a algunos papás que a otros por sus vivencias personales. Como parte del tratamiento de los hijos, el poder pensar en conjunto la psicóloga puede resultar de gran ayuda. En varias ocasiones las diferencias en la pareja parental, requiere de un tercero que ayude a coordinarse.

La culpa y los limites
En general, los padres sabemos que es necesario poner límites, pero a menudo esta es una tarea que por distintos motivos nos resulta bastante difícil, y nos genera mucha culpa. ¿Por qué es tan difícil poner y sostener los límites?

Resulta complicado porque se confunden con las propias vivencias de la infancia y la adolescencia. Por tener modelos inadecuados de los propios padres ya sea por falta o por exceso. Intentamos poner límites de acuerdo a nuestra experiencia, y a veces olvidamos mirar lo específico de nuestro hijo o hija. Por otra parte, también nos confundimos porque pensamos que deberíamos hacer tal o cual cosa porque “todos lo hacen”.

“A todas mis amigas las dejan ir, voy a ser la única perna que no puede.”

Si ambos padres están de acuerdo y tienen sus ideas claras podrán trasmitir al hijo la importancia de cuidarse. Muchas veces los adolescentes usan como argumento “a todos los dejan”, como modo de presión. Siempre hay padres más claros que otros, que son capaces de sostener una posición propia, y finalmente los hijos lo agradecen.

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