Expectativas vs resultados en nuestros jóvenes

Expectativas vs resultados en nuestros jóvenes

Cuando nuestras expectativas no se acomodan a los resultados, tanto los adultos como los jóvenes nos frustramos y/o nos apenamos. El tema es aprender a manejar este tipo de experiencias, porque se nos presentan a diario en nuestra vida.

Un buen ejemplo de expectativas vs resultados son los puntajes de la PSU. Muchos jóvenes obtuvieron resultados que les permitieron inscribirse en la carrera y universidad que querían, otros sin cambiar de carrera eligieron su segunda o tercera opción en cuanto al establecimiento académico. A otros no les alcanzó el puntaje o no estaban muy claros de su opción, algunos de ellos entraron a un bachillerato en su área, lo que puede ser una buena posibilidad. Algunos decidieron ver otras opciones de carrera, otros preparar nuevamente la PSU entre muchas otras alternativas.

Lo fundamental es qué aprendieron de la situación, cómo lo manejaron.

Esta es una oportunidad para abrir el diálogo: ¿nuestros jóvenes se prepararon para el proceso que implica salir del colegio?, ¿hablamos de esto con ellos?, ¿cómo se sienten para entrar a la Universidad?, ¿se sentirán desorientados?, ¿les contamos cómo fue este cambio para nosotros cuando éramos jóvenes? Si no hemos conversado, aún estamos a tiempo.

Si los resultados son muy distintos a los esperados, es fundamental averiguar ¿qué pasó? ¿Nuestros hijos sabían cuáles eran sus fortalezas y limitaciones?, ¿Conocen sus verdaderos intereses y capacidades?, ¿Barajaron las distintas alternativas con anticipación?, o de repente tuvieron que tomar decisiones respecto de su futuro.

Un paciente a quien llamaré Pedro, tenía un promedio relativamente bajo para la carrera que quería estudiar. Acudió a la consulta y me dijo: “me pongo muy nervioso, sé las respuestas, pero saco tantos cálculos durante el ensayo que me desconcentro y me va mal, además no puedo decepcionar a mis papás, ellos esperan mucho de mí.

Pedro, sesión a sesión fue descubriendo que estaba muy presionado, no sólo por sus papás, a él también le importaba mucho que le fuera bien, y tenía altas expectativas, las que interferían en su desempeño. Fue desarrollando distintas estrategias para centrarse en responder de acuerdo a sus conocimientos, dejando de lado los cálculos, pudiendo entender y manejar su angustia.

Al principio estaba muy obsesionado con estudiar en determinada universidad, poco a poco fue abriéndose a otras alternativas y ajustando sus expectativas a la realidad. Fue doloroso aceptar que sus notas limitaban sus posibilidades, pero también fue un alivio hacerse cargo de su situación y ver las distintas opciones. Lo conversamos mucho, entonces cuando recibió los resultados de la prueba, Pedro, estaba bastante preparado para enfrentar los distintos escenarios posibles, había pensado desde antes distintas alternativas.

Esta experiencia fue muy enriquecedora le permitió, conocerse y ver que podía esperar de sí mismo de acuerdo a sus capacidades e historia escolar, y por supuesto superarse. Si bien sus expectativas no se ajustaban del todo a los resultados el haber pensado distintos contextos le proporcionó gran tranquilidad, sin mermar su autoestima.

Hacernos cargo de nuestras reales posibilidades siempre es una gran ayuda. Estar preparados, ser flexibles, y manejar la angustia o decepción que nos causa el que las situaciones se den de forma distinta a lo esperado es un gran legado para nuestros hijos.



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