La mujer maravilla vuela, nosotros caminamos

La mujer maravilla vuela, nosotros caminamos

Hace unos meses recibí en la consulta a una joven profesional de 27 años, a quien llamaré Paula, la paciente comentó:

Yo siempre he pensado que si uno lucha por lo que quiere y es trabajadora puede hacer todo bien. Ayer en la oficina, tenía un evento muy importante para nuestro equipo, lo había preparado con mucha dedicación, estaba todo perfecto, pero hubo un problema con gente de otra área que no respondió y fallaron muchos detalles un desastre!!!. Me sentí demasiado mal, me compliqué muchísimo y me sentí super culpable, no puedo sacarme esta angustia y rabia de encima, además me carga depender de otros.

Cuando nos esforzamos y todo sale bien es maravilloso, pero también puede ser que no resulte. La aspiración de perfección es complicada porque hay detalles que no dependen de nosotros. No podemos controlarlo todo y a veces sufrimos y pataleamos con esa dimensión de la vida.

Durante el trabajo terapéutico con Paula, fuimos viendo que ella sentía que tenía que hacer las cosas muy bien, había sido criada con mucha exigencia, sin permiso para las faltas.”Me cuesta aceptar que aunque di lo mejor de mí, hubo detalles que yo no podía manejar, y si ahora lo veo con más perspectiva, tampoco eran tan importantes, pero en ese momento lo vi como algo muy grave.”

La madurez emocional, tiene que ver con aceptar nuestra condición imperfecta y dependiente. Todos somos incompletos tenemos grietas y fallas. Nos equivocamos, nos confundimos, nos caemos, y muchas veces, nos cuesta pararnos. No podemos predecir cada variable, y en muchas ocasiones, necesitamos a otros para completar nuestros proyectos, tareas y metas.

Seguir jugando a la mujer maravilla es peligroso. Está claro que si queremos volar e insistimos en ello, nos daremos unos buenos porrazos. Sin embargo, si caminamos y tratamos de hacerlo lo mejor posible, siendo realistas, podemos superarnos y salir airosas.

Todos somos incompletos, tenemos grietas y fallas. Nos equivocamos, nos confundimos, nos caemos, y muchas veces, nos cuesta pararnos. No podemos predecir cada variable, y en muchas ocasiones necesitamos a otros para completar nuestros proyectos, tareas y metas. Si como mujeres, profesionales y madres, no nos perdonamos por nuestras limitaciones, si sentimos que tenemos que lograr que todo sea perfecto, sin permitir equivocaciones ni a nosotras mismas, ni a los demás, creamos una tremenda tensión en nuestras relaciones, el trabajo, la familia, y por supuesto, con nosotras mismas.

Estamos en contacto y ¡espero sus comentarios!

Viviana

 



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