Desafío de hoy, ser madre con estilo propio

Desafío de hoy, ser madre con estilo propio


No existe la madre perfecta, pero hay muchas de maneras de ser una buena madre. 

Contactarse y encontrar un estilo propio de ser mamá, es un gran reto, pero a la vez, un gran triunfo, porque implica encontrar un camino de mayor autonomía y libertad.

Estar disponible, saber escuchar y entender lo que los hijos necesitan es fundamental. En cada etapa de la relación madre-hijo(a), las situaciones, las tareas, las relaciones son diferentes a eso se le suma que uno como persona también va cambiando: creciendo y aprendiendo por la experiencia.

Nada mejor que experimentar sabiendo qué etapa se vivirá según la edad de los hijos:

La mamá con guagua o hijos pequeños: en el primer año de vida, los hijos dependen muchísimo de su madre, necesitan recibir toda la ayuda, sostén y contención. Es un período difícil en el que muchas madres se sienten sobrepasadas y, a veces, se hace difícil hablar de lo compleja y confusa que puede resultar esta etapa. Existe una tendencia a conservar una imagen idealizada de la maternidad, un modelo de madre feliz, con poco permiso para aceptar las dificultades.

Las mamás se sienten “malas madres” por sentir ambivalencias, rabias, impaciencias e incluso cansancio. Puede aliviar la tarea el compartir con pares, otras madres y parejas, amigos, que estén o hayan pasado por lo mismo. Estando siempre alerta, para ir delimitando lo que se ajusta a uno como persona, a la personalidad del niño, al tipo de familia que se está construyendo y al momento que se está viviendo.

La mamá con hijos adolescentes: a partir de los once, doce años comienza una etapa de gran rebelión. El niño y la niña comienzan a salirse de los modelos establecidos. Predomina el deseo de imponer la propia voluntad y ‘despegarse’ de los padres. Los jóvenes investigan y prueban nuevas formas., en la búsqueda de la diferenciación y del “yo” aparecen las críticas despiadadas hacia la mamá: la madre ya no es más el modelo a seguir. Desafiantes, alegadores, contestadores, en busca de su manera de estar en el mundo, los adolescentes desafían a las mamás.

Asimismo, esta etapa, por lo general, coincide con la crisis de los cuarenta de la madre, en que comienza a notarse el paso del tiempo. Las mujeres reevalúan su vida de acuerdo a objetivos, logros y expectativas, se preguntan que han hecho con su existencia. Entre los 40 y 50 años de la madre y los 15 y 16 de los hijos se mueven dos generaciones; tanto las madres como los hijos están en un período de evaluación de la vida. Conciliar estas dos travesías es complejo, pero constituye una posibilidad de fuerte empatía. Es muy importante que como mamás, abramos la puerta para que nuestros adolescentes, busquen lo más autentico de sí mismos.

Ver a los hijos crecer, separarse, diversificarse, puede ser, a veces duro, pero es un aspecto fundamental del proceso de búsqueda de identidad, ocupación fundamental en la adolescencia; tarea y responsabilidad que dura toda la vida.

El estar conectada con las necesidades de otros, es muy importante en la maternidad. Para ser una madre conectada, es fundamental una madre interna que pueda cuidar las propias partes infantiles, estando alerta a lo oportuno de cada momento, conforme a quien soy hoy.

Este puede ser un buen día para preguntarse de qué manera necesito ser celebrada, qué quiero, qué preciso.

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